jueves, 14 de junio de 2007

¿Qué chucha le pasó a la felicidad?












La otra vez me detuve a mirar esos fenómenos que piden plata en los semáforos, a cambio de una especie de representación acrobática o performance (disculpen la siutiquería, pero estudié en un colegio británico, Ud. comprenderá, NO?) y me llamó la atención lo raros que son esos individuos. Quizás yo soy el wea que está alejado de su realidad, pero no puedo evitar encontrarlos raros, al menos en lo que respecta a su apariencia estética, me refiero particularmente a lo que podríamos entender como su uniforme. No sé por qué tienen que vestirse como si los hubiesen despedido de algún andrajoso circo. En verdad no me importa cómo se vistan, si ellos se sienten bien, allá ellos. A lo que apunto aquí es a lo particular de su vestimenta, claramente se reconocen ciertos símbolos que caracterizaban, por lo menos en mi infancia, a un payaso. Entonces, igual podríamos decir que ellos son un resabio del circo, o del antiguo circo. Cabe entonces preguntarse, ¿Por qué estos jóvenes recurren a la estética circense para vestirse? Si lo que ellos hacen es malabarismo en su mayoría, no tienen por qué vestir como payasos. Bueno, recordemos que el tiempo que dura la luz roja del semáforo no es mucho, además el objetivo de ellos me parece que no es el malabarismo en sí, es un poco más teleológica la circunstancia, ya que ese es el medio; el fin en cambio, la entretención.

Todo esto me recuerda al antiguo juglra o quizás al bufón, ese raro individuo que hacía reir a partir de lo absurdo, tanto de su apariencia, como de sus actos. Algo encuentro que se parecen estos sujetos malabareantes al antiguo bufón (no al juglar, ese en verdad era un poco más alegre y derechamente cantaba y en las plazas, donde había más espacio y tiempo), algo de oxímoron veo en su esencia, ya que a pesar de que intentan entretenerte, creo que están tristes.

Los zapatos grandes como los del payaso, son oscuros y gastados, la polera es generalmente a rayas transversales blancas y rojas, usan suspensores y pantalones cortos tipo pescador y algunos se ponen máscaras y casi todos sombreros de caballero antiguo, así como del siglo XIX. Es inevitable, para mi, ver algo codificado en esta imagen. Es como un representante de la felicidad (o del circo) que se anda paseando triste y apesadumbrado por lo urbano. ¿Qué pasó? la verdad es que no cacho que onda, pero este personaje intenta rescatar algo del circo, quizás la felicidad, los colores, lo absurdo, todo lo que llama la atención de manera rara y extraña (tal y como pasa en un circo) para agradar un rato corto en el semáforo de tu esquina más cercana, a cambio de un par de monedas. Si asumimos que lo más básico que podría representar a un circo o caracterizarlo de manera rápida y general, fuera el payaso, podríamos decir que estos individuos intentan ser payasos, pero no son de un circo porque probablemente ninguno trabaja en alguno. Lo que sí puede ser, es que sean estudiantes de teatro que sí saben de representaciones, pero por qué los atuendos andrajosos y tristes. No creo que sea por el afán de ser alternativo, quizás hay algo más. La mayoría fuma marihuana y consume alcohol (como todo el mundo nomas) y tal vez se para al frente tuyo en la esquina medio volao y/o curao, pero de seguro que está triste, porque de lo contrario intentaría verse más feliz.











Me pregunto todo esto porque si ellos son la representación de la felicidad que anda dando vueltas por lo urbano, puta que anda cagá la alegría. Son puros payasos que dan vueltas por las calles intentando hacer reir a nadie y como normalmente lo consiguen están cada vez más conformes con su apariencia y su actividad teleológica de decirnos: atomizado, consumista, imbécil, oveja, sordo, ciego, mudo, inválido mental, etc. Y todo lo que nunca nos atrevemos a pensar porque nos da miedo. Es como si su función fuese la de un oxímoron. Atentos chiquillos, algo nos dicen los payasos cuando se visten y se pintan con tonos oscuros, nunca dejan de lado el color blanco y el rojo, pero a veces le agregan al atuendo una pilcha vieja y un poco más de sombra al maquillaje, estoy seguro tienen un motivo. Después de todo esto sólo cabe preguntarse...













...¿Qué chucha le pasó a la felicidad?